Deja la huella de tu marca personal en tus regalos

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Este post se lo dedico a los despistados como yo, que piensan que el calendario es un artefacto con vida propia, que se come semanas y se planta delante de ti diciéndote: “¡Eh, tu, que faltan dos semanas para las Fiestas! ¡Que este año viene la abuela, los sobrinos, los amigos, … ,y tu no has previsto nada!”

Cada año, para Fiestas, las personas solemos entrar en un estado de frenesí descontrolado, los centros de las ciudades se medio colapsan, las calles se llenan de gente cargada de bolsas y de listas de peticiones que acaban perdidas en el fondo de los abrigos.

Bueno, también están los que son súper-organizados y empiezan en noviembre, llegando a las fechas señaladas en perfecto estado de revista. Desde aquí quiero enviarles mi más profunda admiración.

¡Un momento! ¿Compramos por obligación, porque es la fecha señalada y “toca” hacer regalos? O realmente es la ocasión de demostrar a los demás que les queremos y hemos pensado en ellos, buscando el detalle que les hará ilusión.

Parece que ya os he dado mi punto de vista, verdad…. Mejor dejar nuestra huella personal en ellos, dar valor al obsequio por lo que ponemos de nuestra persona .

¿Cómo? Os doy algunas pistas de cómo dejar la huella de vuestra marca personal en un regalo.

a-El caso “amigo invisible” en el equipo de trabajo:

Te toca la persona más difícil, la chica o chico que acaba de llegar al grupo y, no has tenido mucho contacto con él/ella. Por definición a este tipo de “amigo”, no se le dedica un presupuesto gigantesco y eso complica la misión.

Solución: Observa. Dedícale unos minutos aunque sea desde lejos, (recuerda que eres “invisible”). ¿Cómo viste, cómo se mueve por los pasillos? ¿Sonríe al llegar y lanza un “buenos días” general o levanta la barbilla y corre a su mesa? En resumidas cuentas, mirando al otro como algo más que un ser que convive contigo durante unas horas al día. Interesándote por él/ella.

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b-El caso “amigo invisible” familiar:

La “mano inocente” parece haberte jugado una mala pasada. Este año, regalas al abuelo. ¡Eso sí que es complicado! Tiene de todo, o peor aún, ya está de vuelta de todo…. ¿Seguro?

Solución: Escucha.

Hacemos repaso mentalmente de lo que se le regaló en años anteriores: zapatillas, chaquetas, tazas de desayuno, libros… ¡Complicado! Acudimos a la abuela, al hermano o hermana, desvelando el amigo invisible que nos tocó, en busca de ideas. Nada. Bueno, pues en la próxima comida familiar, conecta tu oído a tu cerebro (oír y escuchar, no es lo mismo) y, pregúntale cómo le va la vida, qué le hace feliz, qué hace durante el tiempo en el que tú trabajas, educas a tus hijos….

c-El caso de los hijos menores:

Ya tienes entre manos los diferentes catálogos de juguetes, esos tan llamativos de las grandes superficies y, tienes vistos todos aquellos regalos que podrían corresponderle por edad. Pero, ¡siempre está “Pero” al acecho!, te entra un sudor frío al pensar que de nuevo tu casa se va a ser invadida de trastos ruidosos, que al cabo de poco quedan relegados a la habitación de los trastos y, sustituidos por tus sartenes, botellas de agua vacías y, cajas de cartón.

Solución: Céntrate en él/ella.

Deja la propaganda de lado, y dedícate a ver cómo es y no solo la edad que tiene.

d-El caso de los hijos mayores:

Este es un capítulo especial desde mi punto de vista. Ya no tienen edad para el pensamiento mágico y sus cuentos de hadas, saben lo que quieren y, te piden dinero para ahorrar o irse a comprar más tarde en rebajas. Fácil, verdad.

Llega el momento de abrir regalos y, se quedan un poco igual que estaban, porque no hay sorpresas para ellos. Y tú, que te has sangrado el bolsillo para darles un gusto, recuerdas sus ojos brillantes y sus caras de expectación ante tanto paquete para abrir.

Solución: Pensar que la sorpresa no tiene edad.

Aparta unos euros y compra unas entradas de cine para ir con él/ella, haz un vale para una merienda en el bar de moda…. Algo que no se espere. Igual no se pone a saltar de alegría, pero son cosas que se recuerdan, que dejan huella.

¿Qué quería decir con dejar la huella de nuestra marca personal en Navidad? Pues que las cosas materiales son eso, cosas y hacen gracia, o hacen falta, pero cuando recibes sin más lo que habías pedido, falta algo: la sorpresa.

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En realidad, la única manera de conseguir sorprender, es “gastando marca personal”, poniendo algo de nosotros en el regalo. Observando, escuchando, poniendo nuestra atención en las necesidades del otro y no olvidando que todos queremos sentirnos queridos por los demás, pero también necesitamos querer al otro.

Puedes resolver el dilema con una simple dedicatoria personalizada, o un “Eres grande amigo, te quiero” y, matas dos pájaros de un tiro: das y recibes.

Sorprende a los demás dejando la huella de tu marca personal en tus regalos, no hay mejor inversión.

Gracias por leerme y, ¡hasta pronto!

Sylvie

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