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Proporción áurea aplicada a la marca personal

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Esta imagen explica la proporción áurea, con un lenguaje matemático, pero ¿porqué aplicarlo a la marca personal?

A la pregunta, podemos tener más de una marca personal, como bien dice Enrique Brull en uno de sus artículos: no, tenemos una con diferentes facetas, unas que conocemos y desarrollamos y, otras que podríamos descubrir si abrimos bien los ojos.

Es cierto, somos “uno e indivisible”. A menos que tengamos un trastorno de personalidad múltiple, tenemos una marca personal, una identidad. ¿Entonces, cómo es posible que un arquitecto sea un buen músico o, que un empresario se relaje tocando el piano y, encima lo haga bien? En apariencia, la arquitectura y la creación musical, son actividades absolutamente diferentes. ¿Qué relación hay entre ellas?

Así a voz de pronto, se me ocurrieron las matemáticas y la creatividad, así que buscando información en google sobre la posible relación entre arquitectura y música, me cayó entre las manos el resumen de una mesa redonda celebrada en la Universidad de Granada, a cargo de María del Carmen Bertos. En ella se cita a Bertrand Russell, quien dijo que  el matemático puro, como el músico, es creador libre de su mundo de belleza ordenada”.

Sin entrar en grandes disertaciones filosóficas, la verdad es que el hombre (entiéndase: la humanidad) ha buscado formas matemáticas o lógicas (racionales), para explicar la Naturaleza. Un ejemplo: la Espiral de Oro, que resulta de la aplicación de la proporción áurea.

Solo por placer estético os pongo aquí alguna imagen de dicha espiral natural, que haga más entendible la fórmula matemática que os puse más arriba. (imágenes de internet)

Espiral perfecta en estado natural (imagen internet)
Espiral perfecta en estado natural (imagen internet)

 

Gaudi y la arquitectura orgánica.
Gaudí y la arquitectura inspirada en la Naturaleza. (Imagen internet)

Hablando de marca personal, espiral de oro y, proporción áurea, me gusta la idea que me apuntaron una vez, de representarla como una espiral: con un núcleo central sobre la que vamos ampliando lo que somos. Adquirimos competencias, o, desarrollamos habilidades, gracias a aprendizajes de todo tipo, a valores que vamos adoptando y a lo que recibimos de los demás.

Si en ese núcleo, que a mi entender sería nuestra herencia biológica, aquello que somos al nacer, poseemos una sensibilidad hacia lo que nos rodea, la necesidad de crear y una propensión a desarrollar un pensamiento abstracto, es posible que esas características se puedan aplicar en actividades muy diferentes, aunque guardando una relación estrecha con el núcleo original.

Dicho de otra manera: si nacemos con una tendencia a querer ayudar a las personas, podemos escoger más tarde estudiar medicina o psicología. Nada impide que además, seamos sensibles a la música, o, que tengamos “oído”, practiquemos en casa con nuestra guitarra y acabemos siendo el alma de la fiesta, tocando rumba hasta altas horas de la noche. O mejor aún, podríamos unir conocimientos y, usar la música para sanar o por lo menos mejorar el ambiente en el que viven los enfermos en un hospital.

Competencias aumentan con la vida apoyándose en un núcleo central. (Imagen de internet)
Competencias aumentan con la vida apoyándose en un núcleo central. (Imagen de internet)

La marca personal sería una, pero compuesta por varias “capas” superpuestas de habilidades, competencias, valores, creencias, ambiciones y, deseos. Capas que se van ampliando a lo largo de la vida, alejándose del núcleo central, pero en estrecha relación con él, según una proporción áurea personal e intransferible. Podemos hacer cosas muy diferentes, guardando un punto en común. Las competencias adquiridas en un sector “A”, podrían aplicarse en un sector “B” relacionado o cercano, aunque tengamos que añadir otros conocimientos que hasta la fecha no hemos necesitado. ¿Cómo sino, podríamos cambiar de trabajo, redefinir nuestra vida en función de las circunstancias o, cambiar radicalmente de vida?

Cuanto más lleguemos a conocernos, mejor podremos definir el núcleo de nuestra marca personal,  las diferentes capas de nuestra identidad, así como nuestra “proporción áurea” particular. ¿Seremos más “bellos”? Si entendemos belleza como armonía, seguro que si, porque existirá una “proporción” perfecta entre lo que somos y lo que podemos aportar al mundo.

La “dualidad” o, como nos decía Enrique Brull “… la versatilidad..”,  de la marca personal, no es cosa de privilegiados, es solo cuestión de curiosidad, de seguir queriendo aprender de todo lo que uno se va encontrando por el camino, de no cerrarse las puertas a nada, ¡que vaya con nosotros claro!

Un buen propósito a plantearse tras las campanadas de fin de año: abrir los ojos hacia la realidad que nos rodea, a ver si encontramos algo con lo que darle una vuelta más a nuestra espiral de oro particular, que es nuestra marca personal.

¡Feliz año a todos!

Gracias por leerme y hasta pronto.

Sylvie

2 comentarios en “Proporción áurea aplicada a la marca personal”

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